A Folga de 1901 na Coruña, no periódico “El Socialista” (I) – Xuño de 1901

Ata o 7 de xuño de 1901, o semanario El Socialista, voceiro do Partido Obreiro, actual Partido Socialista Obrero Español (PSOE), non se fai eco dos graves sucesos ocurridos na Coruña nos últimos días do mes de maio dese ano. No anterior número, publicado o mesmo 31 de maio, non se recolle sequera o conflicto dos “consumeiros” que estaba xa comezado dende o 29 de maio:

A partir desa data, comeza a publicar en lugar destacado as crónicas dun corresponsal na cidade que nunca asina co seu nome e que reflicte unha visión dos acontecementos máis fiel ás versións oficiais que mesmo a prensa burguesa. Estas crónicas enmárcanse na descarnada batalla que desde as páxinas deste xornal partidario se lanzaba contra as posicións libertarias nas Sociedades obreiras (Xixón, Catalunya, Madrid, …) que estaban a favor da Folga Xeral como arma da clase traballadora, usando para tal fin a rumoroloxía e expresións tan fortes como “ponzoña libertaria”. Non evita acusar a compañeiros con nomes e apelidos, lanzar rumores, …, e mesmo chega a xustificar que non é un asasinato a morte dos traballadores falecidos por ter loitado contra os gardas nas rúas.

No exemplar 796, do 7 de xuño de 1901 publícase a primeira crónica, na páxina 2:

LOS SUCESOS DE LA CORUÑA
Con fecha 1º del corriente nos escribe nuestro corresponsal en la capital gallega:
Los partidarios de la huelga general y de los procedimientos de fuera pueden estar satisfechos de su obra. La sangre proletaria ha corrido en abundancia. El número de muertos y heridos es considerable, no pudiendo fijar ahora el número. En mi próxima os lo diré. Si los elementos a que me refiero han procedido torpemente, la autoridades no han demostrado pizca de inteligencia para conjurar el conflicto. Algunas de las muertes hechas han sido verdaderos asesinatos. Si la responsabilidad de la sangre derramada es en primer término de los elementos a que me refiero, corresponde una buena parte a las autoridades entre las que hay que incluir al alcalde, republicano. Por hoy no os digo más.
Calculábamos nosotros, por la propaganda insensata que en la Coruña han hecho los partidarios de la huelga general, que a ellos se debería en parte los tristísimos sucesos allí ocurridos, y eso confirman las anteriores líneas.
Cuanto a la torpeza de la autoridad para resolver el conflicto, échase de ver por la narración de los mismos sucesos ha hecho la Prensa burguesa, desprendiéndose también de lo dicho por ella que la Guardia Civil, ya por las órdenes recibidas o por propio impulso, se ha mostrado feroz y sanguinaria.
De su proceder y del de las autoridades de la capital gallega, protestamos enérgicamente, recomendando a la vez a los trabajadores no sigan a los que les recomiendan que apelen a la huelga general, pues hoy ésta, salvo en casos muy contados, ocasiona derramamientos de sangre estériles totalmente para los oprimidos.
Sucesos como los del Ter, de Barcelona y de La Coruña, lejos de mejorar los intereses de la causa obrera o hacer que ésta anticipe la hora de su triunfo, dificulta lo primero y retrasa lo segundo.

No seguinte número publicado á semana seguinte, o 14 de xuño de 1901, a referencia ao sucesos na Coruña é nunha columna de opinión e aparece xa publicada na portada do semanario:

PREDICACIÓN DAÑOSA
“Sea para mejorar la situación economía de los trabajadores, sea para producir una revolución que libre a éstos del régimen del salario, es imposible hoy, completamente imposible, efectuar una huelga que alcance a los trabajadores de todos los países.
Con ser de menos importancia, tampoco es factible en las actuales circunstancia una huelga de todos los obreros de un país, y aún nos atrevemos a afirmar que faltan las condiciones necesarias para que los obreros de un solo oficio, en cualquiera de las naciones más adelantadas, puedan hacer una huelga general.
La única viable hoy, y no en todos los casos, es la huelga general de un oficio en una localidad. Si de ella pasamos a la huelga general de todos los oficios de una población, corremos riesgo de perderla o de que se produzca una situación de fuerza que, a más de hacer que aquella fracase, ocasione prisiones con o sin derramamiento de sangre.
(…)
“De los resultados que hoy producen la huelga general y los medios violentos da testimonio lo ocurrido en el Ter, en Barcelona y últimamente en La Coruña. ¿Han ganado algo los trabajadores con esas tristes jornadas?. No. Lo que han hecho ha sido perder, puesto que se ha derramado sangre obrera estérilmente, muchos individuos han sufrido encarcelamiento y la causa del trabajo no ha ganado con ellas ninguna simpatía.
“Alerta, muy alerta deben vivir los obreros que se preocupan de sus intereses para no dar oídos a los que predican la huelga general en las condiciones antedichas.
“Si la codicia capitalista o un sentimiento de venganza de parte de los burgueses los lanza a la huelga general en una localidad o una región, muéstrense serenos y cautos, a fin de no abandonar la legalidad y ofrecer a los auxiliares de sus enemigos ocasión de que los diezmen y persigan. Poco afortunado fue el término de la huelga de obreros de Gijón y de los empleados en los tranvías de Madrid; pero peor habría sido que, como los obreros de Barcelona y La Coruña, tras no conseguir lo demandado, hubiesen visto presos a bastantes de los suyos, o tendidos a algunos de ellos en las calles por las balas de la Guardia Civil.”

Xa o 21 de xuño, no número 798, recollénse dúas comunicacións do corresponsal na Coruña co semanario, datadas no días 6 e 9 de xuño de 1901, nas que mesmo rexeita que os traballadores foras asasinados por terse enfrontado aos gardas nas cargas do día 31 :

LOS SUCESOS DE LA CORUÑA
He aquí las dos cartas a que nos referíamos en el número pasado. Merecen ser leídas con cuidado para que se aprecie bien la responsabilidad que en los gravísimos hechos ocurridos en la capital de Galicia han tenido los anarquistas:
Coruña, 6 de junio.- Compañeros de El Socialista:
Cumpliendo lo que prometí, amplío en ésta lo que en mi anterior os decía. Sin embargo, antes de hacerlo, y para que los trabajadores puedan apreciar bien quienes fueron los verdaderos culpables de la sangría dada aquí a los obreros el 31 de mayo, considero necesario apuntar algunos hechos, que constituyen el preludio de las tristes jornadas ocurridas en esta capital.
En noviembre del año último recibiose aquí una carta de un punto de Cataluña (Gerona, si no me equivoco), en la que se recomendaba verificar un paro general el 26 del mismo mes. Para tratar este asunto se reunieron las Juntas Directivas de las Sociedades obraras, y todas o casi todas combatieron idea tan descabellada: sólo dos o tres individuos anarquistas la defendieron con calor, impugnándola otros de las mismas ideas.
El motivo de que algunos anarquistas combatieran la realización de dicha huelga creo que obedeció a un cálculo. Viendo que las Directivas eran contrarias al paro y que en las asambleas generales le combatirían, no sólo los socialistas, sino todos los obreros que tuvieran sentido común, debieron pensar que no debían exponerse a un fracaso, como lo habían hecho en otras ocasiones.
Tercos en su propósito, y con el fin de preparar el terreno, a partir de entonces emprendieron terrible campaña contra los socialistas y contra cuantos trabajadores consideraban un obstáculo para la consecución de sus proyecto. Excusado es decir, tratándose de anarquistas, que en tal campaña no perdonaron medio alguno para desacreditar a los que consideraban un estorbo para sus planes. En las reuniones de las Sociedades empleaban la táctica de alargar las sesiones, a fin de que muchos compañeros no fuesen a ellas, o, aburridos, las abandonasen, y entonces, con los suyos, arrancar a la mayoría de aquéllas votaciones favorables a sus propósitos.
Con tal proceder consiguieron tener en el mitin que se verificó el 1º de mayo la representación de la mayor parte de las Sociedades; y ellos, que nos acusan injustamente de que nos aprovechamos de los mitins de las organizaciones de resistencia para hacer propaganda socialista, convirtieron aquel acto en una reunión de propaganda anarquista.
Allí, además de predicarse la violencia, se combatió con saña a los socialistas y especialmente al que esto escribe. De los burgueses poco o nada se dijo. Los delegados que no observaron tal conducta fueron los de los tipógrafos y los de peones y albañiles.
La Prensa local, movida por el espíritu mercantil que la domina, esto es, no queriendo perder la venta entre la gente influída por los anarquistas, bombeó extraordinariamente dicha reunión, importándole poco que los chispazos allí producidos ocasionaran hechos como los acaecidos el 31 del mismo mes. El Combate, semanario republicano, llegó a decir que actos como aquél – y faltó poco para que terminase tumultuariamente- honraban a los trabajadores coruñeses. Este juicio del semanario republicano lo explica los ataques que en el mitin se dirigieron a los socialistas y el odio que el citado semanario nos profesa.
Este triunfo animó a los anarquistas. Para tratar de una carta que recibieron de Barcelona convocaron a las Juntas Directivas. Allí propusieron que se efectuase un paro general para protestar por los sucesos ocurridos en la capital de Cataluña, paro que debía efectuarse el 14 de mayo, y al día siguiente, que era fiesta, un mitin, resultase de él lo que resultara. Como los ánimos no estaban tan caldeados como el 1.º de mayo en el teatro, no pudieron convencer a la mayoría de las Juntas Directivas, logrando tan sólo que cada una de éstas diese cuenta a su respectiva Sociedad. Muchas ni siquiera esto hicieron, y las que lo efectuaron fue para conseguir un acuerdo negativo.
Viendo los anarquistas que por el camino que iban no llegaban a la huelga general, prescindieron de las Sociedades para preparar la del día 31, según se verá más adelante, pues aunque se telegrafíó a la Prensa de Madrid y al ministro de la Gobernación en nombre las Sociedades obreras es completamente falso que éstas acordaran tal cosa. Lo que se ha hecho ha sido abusar del nombre de las Sociedades y llevarlas a un acto político los mismos que reniegan de la política.
De todos o casi todos los actos que acabo de referir daba cuenta la Prensa local, debiendo ser ciegos los que se mostraron sorprendidos por los últimos sucesos, puesto que se veían venir, no habiendo hecho nada para evitarlos quien más obligación tenía.
Que lo que se buscaba eran sucesos como los ocurridos, lo prueban los disparates que se emitieron en la reunión de Directivas en que se pretendía acordar la huelga general para el 14 de mayo. Alguno llegó a decir que el paro debía ser tan general, que ni el mar del Orzán se moviese, y que al mitin se debía ir para acordar algo práctico, y por práctico entienden los anarquistas el motín.
Ahora expondré unos cuantos datos para demostrar la torpeza de esa gente.
Organizada por ellos la Sociedad de Oficios varios, trataron de llevar allí a todo el mundo. En el mes de abril fueron los dependientes de consumos, y cuando aún no estaban asociados pidieron al arrendatario aumento de jornal y otras mejoras para los guardas, y como aquel se negase, se declararon en huelga, triunfando a los dos días. Este triunfo obtúvose, como se obtienen algunos otros, por casualidad.
Durante dicha huelga, los cabos, aforadores y volantes se quedaron en sus puestos; mas cuando vieron que los guardas habían vencido, ingresaron en la Sección de Oficios varios y, una vez asociados, pidieron que se reclamase también para ellos aumento de salario.
Esto fue lo que dió origen a la huelga del día 29, huelga en el que el arrendatario se negó a conceder lo que se le pedía, y en la que los más se sacrificaron para beneficiar a los menos, que días antes les habían hecho traición.
Los anarquistas, que dirigían el paro, lógicos con su criterio de que el mejor medio de ganar huelgas es hacer éstas revolucionarias – apelar al tumulto -, adoptaron desde el primer momento ese sistema recorriendo el recinto fiscal. En los primeros momentos salieron bien; pero luego no fué así, porque la Guardia Civil que el día 30, por la tarde, se hallaba en el fielato de Caballeros disparó sobre un grupo, matando a una persona e hiriendo a 11, entre ellos una niña.
Como la salvajada de los civiles produjo indignación general, los anarquistas la explotaron para llegar a su tan ansiada huelga. Trabajaron mucho durante aquella noche, y en la mañana del día 31 lograron su objeto. Sus acuerdos fueron tan descabellados, que muchos de ellos se volvieron contra los trabajadores: uno fue que no se publicaran periódicos y otro que no se cociese pan. Si aquellos hubiesen aparecido mientras no hubo estado de guerra, la reseña de los sucesos habría sido más verídica, en tanto que hecha bajo el mando de las autoridades militares habrá reflejado necesariamente lo que éstas hayan querido. Las consecuencias de no haberse cocido pan no las han pagado los burgueses, sino los obreros, porque a los burgueses les sobran medios para sustituir el poco que comen con otros artículos, mientras que el obrero carece de recursos para suplirlo con otra cosa más cara.
Planteada la huelga general, se cometieron infinidad de actos ilegales, desde impedir que se tomase agua de las fuentes hasta prohibir la salida del correo para Santiago, hechos todos que las autoridades no podían tolerar. Sin embargo, hasta las últimas horas de la tarde nada hicieron contra los que los tomaron y ejecutaban.
A las doce del día llamó el gobernador civil a los presidentes de las Sociedades para decirles que si la huelga se reducía a un sólo día no adoptaría medidas extremas; pero si duraba más, resignaría el mando en la autoridad militar, como lo hizo a las pocas horas.
Después de esta entrevista debióse aconsejar la prudencia que las circunstancias reclamaban, pero lo que se hizo no fué eso, sino enardecer más los ánimos organizando una manifestación, sin solicitar permiso, que recorrió las calles principales, pasando por delante del Gobierno civil y llegando hasta el cementerio. Envalentonados sin duda, porque las autoridades no procedieron en forma alguna contra los manifestantes, al regreso del cementerio se estacionaron frente a los domicilios de las Sociedades, que están todos en una misma calle, y una vez allí se dió cuenta a los congregados del telegrama del ministro de la Gobernación contestando al que éste recibiera en nombre las Sociedades. Por los términos en que el ministro respondía, la más vulgar prudencia aconsejaba ocultar en aquellos momentos ese telegrama.
En las últimas horas de la tarde del 31 se declaró el estado de guerra, y aún no se había fijado el bando del capitán general en toda la población, cuando empezó la Guardia Civil a tiros, entablándose con este motivo una refriega, que duró bastante tiempo.
Para dar cuenta de los revolucionarios, que acaso soñasen con hacer la revolución social a pedradas, no era preciso que la autoridad militar emplease la fuerza que empleó. En esto, como en otras cosas, hubo ausencia completa de tino.
El resultado de las jornadas de los días 30 y 31 ha sido el que pierdan la vida cinco obreros, dos muchachas del Hotel de Francia, a quienes alcanzaron las balas de la Guardia Civil, una niña y una señora que se hallaba en un piso segundo, y a quien alcanzó también una bala de la misma Guardia. El número de heridos es considerable, no pudiendo precisarse porque muchos de ellos seguramente se han curado en sus casas.
Los anarquistas pueden estar satisfechos de su obra: hicieron un paro general para protestar de una muerte, y ocasionaron siete más con tal medida.
El número de presos es muy crecido, y en esto, como en lo demás, las autoridades dan palo de ciego.
Un dato digno de tenerse en cuenta. Ni entre los muertos ni entre los heridos se halla un anarquista. Mejor demostración de que, como el capitán Araña, embarcan a la gente y ellos se quedan en tierra, me parece que no puede darse.
La huelga de dependientes de consumo se ha perdido totalmente, con la agravante de que todos han quedado sin empleo; y no sólo se ha perdido esta huelga, sino que se perderán otras que diferentes Sociedades sostenían, entre ellas la de peones y albañiles, que seguramente se habría ganado de no haber ocurrido lo que dejo expuesto.
Las autoridades militares han recogido los libros de actas de todas las Sociedades y corren rumores de que serán todas disueltas.
Poco después de proclamarse la ley marcial, los anarquistas revolucionarios quedaron más mansos que una malva, como se dice en Galicia; lo cual prueba que su ardor dura tanto como tardan en salir algunos civiles y en declararse el estado de sitio.
La capitulación de la clase obrera en La Coruña, a que la han llevado estos revolucionarios de papel de estraza, ha sido vergonzosa. Después de haber perdido a varios de los suyos y dejar inútiles a muchos, han tenido que entonar el mea culpa por medio de una hoja verdaderamente humillante. ¡Y pensar que ha dado su asentimiento a esa hoja el pontífice del anarquismo coruñés! Es lo que había que ver.
¿Aprenderá la clase obrera de La Coruña a conocer a esos falsos revolucionarios? Si no aprende, espéranla muchos males. – El Corresponsal

Coruña, 9 de junio.- Respondiendo a algunas objeciones que se me han hecho acerca de mis primeras líneas sobre los sucesos de esta capital por no considerar asesinatos todos cuantos muertos hizo la Guardia Civil, manifiesto que califico de asesinato la muerte de la señora que fue atravesada por una bala en el segundo piso de su casa y la de las pobres muchachas del Hotel de Francia, por no tener antecedentes bastantes para juzgarlas de otro modo; pero no puedo calificar de igual manera otras muertes hechas en la tarde del día 31, en que hubo lucha entre el pueblo y la Guardia Civil, según lo prueba el siguiente párrafo de una carta enviada a un periódico ácrata por uno de los culpables de tan sangrientos sucesos:
“El pueblo, no obstante estar desarmado, porque el que más tenía un mal revólver, y eran pocos los que le tenían, resistía valerosamente, y aquí se disolvían los grupos para rehacerse más allá, y en esta lucha se sostuvo algunas horas hasta que, bien entrada la noche, se fue disolviendo poco a poco, rendido y maltrecho de tan desigual batalla”.
Puesto que el pueblo luchó, aunque con armas inferiores a las de la Guardia Civil, sería injusto decir que los individuos muertos en esa lucha fueron asesinados.
Respecto a este punto, las líneas copiadas dicen la verdad, cosa muy rara en los anarquistas. Lo que peca de inexacto es que la lucha se sostuviese hasta bien entrada la noche, puesto que a las nueve todo había terminado y no se veía por la calle ningún grupo. Antes de esa hora ya habían desaparecido los revolucionarios, saltando y huyendo por los tejados.
Dícese que el autor de las líneas que he copiado, uno de los propagandistas de la huelga general, después de declararse ésta estuvo trabajando con los operarios que tiene a sus órdenes. Averiguaré lo que haya de cierto, y si es verdad el rumor, daré el nombre de ese individuo para que le conozcan los trabajadores.
Lo que sí es exacto es que habiendo sido llamados el día 31, a las diez de la noche, todos los presidentes de las Sociedades por el capitán general, el de la de Sastres y Sastras, el terrible anarquista Sanjurjo, no asistió a la cita, habiéndolo hecho todos los demás. Sí se presentó cuando, por segunda vez, fueron llamados al día siguiente.
Se conoce que el hombre, temiendo que el primer llamamiento fuera para prenderlos, no quiso ir; pero como no se prendió a nadie, ya no tuvo inconveniente en acudir a la segunda cita.
La prudencia no abandona nunca a casi todos los anarqueros.- El corresponsal

No último número do mes de xuño, o nº799, do 28 de xuño de 1901, aparecen publicadas, na páxina 2 do semanario, dúas novas comunicacións do corresponsal na Coruña:

DE LA CORUÑA
Compañeros redactores de El Socialista:
Mis temores se han cumplido. Las Sociedades obreras de esta capital han sido suspendidas por orden del capitán general, y es probable que esta medida se convierta en disolución.
Si ha habido torpeza por parte de las autoridades para conjurar el conflicto que dió margen a los sucesos del 31 de mayo, torpemente han procedido al medir por un mismo rasero a todas las Sociedades de resistencia, puesto que muchas de ellas nada han llevado a cabo que tenga relación con dichos sucesos.
Las Sociedades exceptuadas de la suspensión han sido las que no tienen carácter de resistencia. Sin embargo, muy bien pudiera ser que en ellas radicase el origen de lo sucedido. De esto ya hablaré más adelante.
Según indiqué, las huelgas parciales que se sostenían se han perdido, y alguna que se mantiene corre el peligro de las demás.
Pueden los anarquistas vanagloriarse de su obra, que ha beneficiado a los patronos.- El corresponsal. 16 de junio

Compañeros redactores de El Socialista:
Para que los lectores de vuestro semanario se expliquen bien como los anarquistas han ejercido influencia en muchos elementos obreros de aquí, explicaré lo que era la Sociedad de Oficios varios.
Esta no se componía, como en otras partes, de algunos individuos pertenecientes a oficios no organizados, sino de trabajadores suficientes en número para organizar su oficio independientemente. Las mixteras, que pertenecían a ella, formaban un regular contingente, y los dependientes de consumos, que también figuraban allí, eran 140. Indudablemente el fin de los anarquistas, al no organizar la Sección de Oficios varios de la manera que en los demás sitios se organiza, era ponerse en contacto con los obreros de los oficios asociados e influir, por lo tanto, en su marcha. Revueltos con ellos, perteneciendo a la misma Sociedad que los trabajadores de tal o cual profesión, podían tomar parte en todas las cuestiones que surgieran o plantear las que fueran de su agrado, e indicar y sostener la táctica que han recomendado en muchísimas ocasiones.
Además, como necesitaban un local para reunirse y hacer su propaganda, y ellos por sí solos no podían sostenerlo, una organización de la naturaleza de la Sección Varia les facilitaba los recursos necesarios para él.
Tal modo de proceder corresponde a su franqueza y sinceridad.
Ya sé que cuando se les llama cobardes y se les dice que no hacen más que comprometer a los trabajadores con sus predicaciones, se revuelven airados contra el que tal asevera. Pero los hechos, que dicen más que sus ladridos, confirman lo que ellos niegan.
El día 31 hallábanse algunos anarquistas en el local de la citada Sociedad de Oficios varios, y cuando la Guardia Civil, después de haber matado a algunos obreros, hizo fuego sobre el indicado local, tomaron la terrible resolución de subir por las ventanas del patio y permanecer en el tejado de las casas vecinas hasta bien entrada la noche.
En la calle hubo anarqueros que encontrándose a bastante distancia del lugar donde se hacían los disparos, echaron a correr para alejarse más todavía, y habiéndoles afeado su proceder varios trabajadores, les respondieron que no tenían armas y que podían ser blanco de los guardias civiles. Se les olvidaba al decir eso que el mismo peligro corrían cuantos estaban en la calle.
Y los que así se expresaban no eran anarquistas platónicos, sino los que en las reuniones se muestran más rabiosos y aconsejan el empleo de los medios violentos.
Según la Prensa local, uno de esos guapos ha huído, no solo, sino en unión de 300 pesetas de la Cooperativa llamada de obreros y de los fondos de otras Sociedades. Si el rumor se confirma daré a conocer el nombre del que tal ha hecho.
Prueba de temple y de consecuencia la que encierra el siguiente párrafo de una correspondencia enviada a un periódico ácrata por el santón del anarquismo en La Coruña:
“Tras de la sangrienta hazaña había en perspectiva su repetición: las prisiones en masa y la clausura de las Sociedades, y ante tales circunstancias, ante tan inesperado desenlace, las Juntas de las Sociedades obreras, obligadas por quien no está acostumbrado a ser desobedecido, y sabiendo como sabían que el estado de sitio en un pueblo da carta blanca para todas las mayores atrocidades que se quieran hacer, y que, caso de no ser obedecidos, harían en ésta, recogió velas y publicó una hoja aconsejando la vuelta al trabajo para el lunes. Era forzoso hacerlo así. La gente sin trabajar no era fácil apartar de las calles, y aquí te quiero, Maüser; carnicería al canto, y listo. Por otra parte, una porción de Sociedades recientemente constituídas y en organización otras, llevarían el golpe de gracia, y aún las fuertes tarde se repondrían con la medida draconiana en proyecto, por donde el terreno societario, tan a palmos conquistado, iría a rodar; y todo por no exponerse a la censura de sus respectivas Sociedades, si es que la formulaban, por abrogarse la facultad de aconsejarlas el cese de una situación que al fin no podía sostenerse, y que por acuerdo tácito tenía aquel límite. El proyecto de los tres días de paro se realizó; y, por lo tanto, sin contravenirla en nada, las Juntas han realizado una misión muy humana, ahorrando sangre, prisiones y persecuciones; y societaria evitando la disolución y demás contingencias del caso a las Sociedades obreras. Estuvieron en carácter como tales, aunque su gestión fuese poco revolucionaria. No podía ser de otra manera. Las múltiples circunstancias que concurrían así lo determinaron”.
Dejo los comentarios a los lectores de El Socialista, diciendo por mi parte solamente que el autor de esas líneas ha intervenido en todo lo que relato como presidente de una Sociedad y fue el que redactó la célebre hoja en que se pedía que cesase la huelga general, estando tan acertado en sus apreciaciones, que, si se exceptúa lo del derramamiento de sangre, en todo lo demás se ha equivocado, pues las Sociedades obreras se han cerrado y las prisiones siguen hasta la fecha, pasando ya de 50 los presos.
El gobernador civil se está portando como un héroe; él no supo evitar el conflicto, pero, en cambio, se pone por montera la ley, pues no alcanzado el estado de guerra más que al término judicial de La Coruña, lo ha extendido a toda la provincia, como lo prueba el que no ha despachado el Reglamento, y parece que no lo despachará hasta que cese el estado excepcional, de una Sociedad obrera domiciliada en población donde están en vigor las garantías constitucionales.- El Corresponsal. 20 junio 1901


“El Socialista”, nº796, 7 de xuño de 1901, no Arquivo da Fundación Pablo Iglesias

“El Socialista”, nº797, 14 de xuño de 1901, no Arquivo da Fundación Pablo Iglesias

El Socialista”, nº798, 21 de xuño de 1901, no Arquivo da Fundación Pablo Iglesias

El Socialista”, nº799, 28 de xuño de 1901, no Arquivo da Fundación Pablo Iglesias


Continúa en A Folga de 1901 na Coruña, no periódico “El Socialista” (II)



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