No mes de xullo, aínda son publicadas crónicas redactadas polo anónimo corresponsal do semanario “El Socialista” na Coruña.
No número 800, correspondente ao 5 de xullo de 1901, a crónica do corresponsal, datada o 29 de xuño, ten dúas partes. Na primeira recolle interesante información de como a esas alturas aínda continuaba a represión contra os traballadores e traballadoras coruñesas e mailas súas organizacións. E na segunda parte, máis extensa que a anterior, relata unhas supostas agresións e amenazas recibidas polas súas crónicas:
De La Coruña
Compañeros redactores de EL Socialista:
Continúan las autoridades militares haciendo prisiones. Han sido detenidos todos los presidentes de las Sociedades obreras. Asciende hoy el número de presos á 90. Ese es uno de los resultados del paro general de 31 de mayo.
Hace dos días el Consejo de Guerra ha condenado á un individuo á 20 años de presidio. Este individuo fué acusado de haber hecho fuego á la Guardia. Civil . Es de temer que á esta condena sigan otras tan crueles.
Como es natural, mis dos primeras cartas han disgustado mucho á los anarquistas, y guiados del odio que me tienen por haberme opuesto más de una vez á sus descabellados planes, y á fin de no perder su influencia entre los obreros, tratan de presentarme, como el causante de que hayan sido presos los presidentes de las Sociedades obreras.
Nada hay en mis escritos que pueda comprometer á éstos; por el contrario, en ellos he tratado de demostrar que las Sociedades, y por consiguiente, sus individuos como socios, no eran responsables de nada; para quien podía haber alguna responsabilidad, pero sin que resultase de lo que yo dije, es para el de la de Oficios varios, y ése fue preso en los primeros momentos.
Afirmar, como afirmé que los anarquistas habían logrado llevar la representación de la mayoría de las Sociedades al mitin del 1o. de mayo, no es decir que las Sociedades fuesen anarquistas. Precisamente indicaba los medios de que se habían valido los libertarios para obtener dicha representación. Sin embargo, la Prensa local, al dar cuenta de aquel mitin, manifestó el carácter que tenía, y hasta la fecha nadie lo ha desmentido.
Posible es que en tiempo oportuno publique en una hoja mis cartas para destruir las mentiras que á aquéllos que no las conozcan les hayan hecho creer los anarquistas.
No se contentan éstos con atribuirme cosas que soy incapaz de hacer, sino que han llegado hasta provocarme y algo más. La noche del mismo día en que se me insultó, al retirarme á mi casa, a eso de las diez, se me apedreó en una boca calle. Esto es lo que saben hacer los que no tienen valor para presentarse ante la Guardia Civil: agredir por la espalda á un obrero que no ha cometido más delito que no pensar como ellos y decirles las verdades que se merecen.
Si piensan hacerme callar por ese medio, se equivocan. Me he propuesto combatir cuanto juzgo que se opone a la emancipación de la clase trabajadora, y como los anarquistas crean hoy grandes dificultades a la organización y a la buena marcha de los obreros, los combatiré sin contemplación alguna.
Conozco algo que contra mí trama esta gente, y no digo nada de ello por no juzgarlo oportuno; pero lo haré público más adelante.
En tanto, tomen nota los obreros de la nobleza con que proceden esos falsos redentores.
Más podría deciros; pero como esta carta no debe ser extensa por llegar tarde á vuestras manos para que aparezca en el periódico, hago aquí punto.-EL CORRESPONSAL. 29 junio 1901.
Pódese recoñecer a mesma estrutura na seguinte comunicación publicada do corresponsal coruñés de “El Socialista” có seu semanario, no exemplar nº801, do día 12 de xullo de 1901:
Compañeros de EL SocIALISTA:
Como suponía, la suspensión de las Sociedades obreras por orden del capitán general la ha convertido en disolución el juez. Son 14 las colectividades á que ha alcanzado tal medida.
Para tomarla procesó el juez á los presidentes de las mismas, que se hallan detenidos en las prisiones militares del cuartel de Alfonso XII.
El número de obreros presos pasaba ayer de 100.
La antedicha medida, sobre ser injusta, es torpe, porque puede contribuir á que muchos obreros se lancen por caminos que para nadie son buenos.
Mañana se celebrará otro Consejo de Guerra, que seguramente procederá con dureza por tratarse de simples obreros. La justicia burguesa no puede ser nunca verdadera justicia.
Hase confirmado que el anarquista de que os hablaba en la del pasado se fugó en compañía de las pesetas a que entonces me referí. Llámase ese valiente y ese íntegro Carlos Planuch, y calculando que se dirigirá a América, bueno será que los trabajadores de allí estén apercibidos para no ser victimas de alguna jugarreta de dicho revolucionario. Aquí se ha portado en como tal. Excitó a los obreros a que apelasen a medios violentos y cuando los cándidos que le hicieron caso recibían los tiros de la Guardia Civil, él escurrió el bulto, y después, comprendiendo que podía dar con sus huesos en la carcel, largóse con los cuartos de aquellos mismos que han ido a parar al cementerio o al hospital o irán a presidio por haberle hecho caso.
Supongo que por dar cuenta de esta hazaña no me llamarán policía los anarquistas.
Para que se pueda apreciar bien el revolucionarismo de los anarquistas coruñeses -que es igual que el de los de todas partes- debo recordar que cuando el año pasado vino a ésta la familia real, arrastraron ante las gradas del trono á las Sociedades obreras á fin de que pidieran á la regente gracia de indulto para los condenados en Jerez, y hacían esto, según manifestaban, en nombre de la humanidad; como si por encima de ese principio, tan torpemente interpretado, no estuviese el principio revolucionario cuando se siente de corazón y, sobre todo, cuando la revolución que se persigue es en beneficio de la humanidad que se invoca.
En la reunión en que se trató de verificar acto tan humillante para la clase obrera decía el pontífice del anarquismo en La Coruña que si para efectuar aquél había que sufrir algún sonrojo, no se haría, y, sobre todo, si se les negaba la audiencia que por conducto del gobernador civil se pediría. La audiencia fué negada, y sin embargo, se presentó la instancia a la reina aprovechando la audiencia pública que se concedió en la Capitanía general.
El espíritu revolucionario de estos anarquistas puede apreciarse por el efecto que les han causado mis anteriores cartas. No pudiendo negar nada de cuanto he dicho, combátenlo por inoportuno, como si para decir la verdad fuese preciso esperar oportunidades; aparte de que yo entiendo que cuando los partidarios de una idea estiman necesarios los medios ilegales para hacerla triunfar, y así lo predican en mitins y periódicos, no deben incomodarse, si fracasan, porque se les diga que ellos fueron los instigadores del movimiento; antes al contrario, creo que lo que les podría ofender seria decir otra cosa.
Si es que predican eso, y luego no tienen carácter suficiente para arrostrar los peligros que puedan venir, comprometiendo, en cambio, á muchos infelices, no deben extrañarse de que se les llame cobardes.
Que los anarquistas procedan tan inconsecuentemente, no me extraña; pero qué otros que siempre tienen en la boca la palabra revolución, les hagan coro en sus dislates, sí. Si el revolucionarismo de esos individuos es parecido al de aquéllos, no harán jamás revolución alguna, porque lo primero que se necesita para hacer éstas son caracteres, y los caracteres no se crean así.
Es innegable que en los sucesos de aquí la Guardia Civil se ha mostrado feroz con los obreros, y así lo he consignado ya; pero sigo sosteniendo que los principales causantes de las victimas habidas el 31 de mayo y de todo cuanto hoy les pasa á los trabajadores coruñeses, han sido los anarquistas con sus locas predicaciones. Que no se hubieran realizado los actos aconsejados por ellos constantemente, y no habría habido ocasión para que los del tricornio se hubiesen mostrado duros y crueles. Debe protestarse de esa crueldad y de esa dureza; pero debe condenarse también la táctica y los procedimientos que dan lugar á que aquéllas se revelen.- El Corresponsal. 5 de julio de 1901
No mesmo exemplar, na propia páxina 2 onde atopamos estes escritos do corresponsal na cidade, insértase a seguinte nota:

Esta mesma nota aparecerá no seguinte número, o nº802 do 19 de xullo de 1901, acompañando o seguinte escrito do corresponsal coruñés de El Socialista, coa estrutura e contido habitual nas súas comunicacións co semanario, tras unha breve información referida á represión, os ataques aos libertarios coruñeses:
De La Coruña
Compañeros de El Socialista:
Ignórase la sentencia dictada por el Consejo de Guerra á que me refería en la mía del 9. El fiscal pedía la pena de 20 años de presidio para los tres acusados. Dícese que la pena impuesta por el Tribunal es de 12 años para uno y de dos para los otros; pero lo positivo es que el Capitán general no se ha conformado con el fallo recaído y ha enviado la causa al Supremo de Guerra para que éste resuelva.
Otro Consejo de Guerra se ha celebrado después. En éste, el fiscal ha pedido que fuese absuelto el procesado. Sin embargo, el Tribunal se ha condenado a 2 años de presidio, sentencia que, aprobada por el capitán general, ya es firme.
Esto revela claramente lo que se va buscando. Como nos hallamos bajo el imperio del sable, dejo de hacer comentarios; háganlos por mi los lectores de El Socialista.
Para la próxima semana se anuncia otro Consejo de Guerra, que juzgará a los 48 exguardias de Consumos.
Con el fin de gestionar que se ponga término al estado excepcional en que vivimos, ha ido a Madrid una Comisión de obreros. Del modo que esta Comisión obtuvo la representación de los trabajadores coruñeses, hablaré oportunamente; por hoy sólo diré que ojalá su viaje no sea una torpeza más que agregar a las muchas que han cometido los anarquistas. Ir a Madrid una Comisión de obreros en el preciso momento en que el Supremo de Guerra tiene pendiente de resolución una de las causas aquí seguidas pudiera ser, por lo menos, inoportuno.
Según mis noticias, esa Comisión ha ido principalmente a pedir a varios diputados, y con preferencia a los republicanos, que hablen en el Congreso a favor de los trabajadores de esta capital. Ningún reparo tengo que oponer a tan buen propósito; pero sí he de mostrar mi extrañeza porque esa Comisión, si no toda, esté formada en parte por significados anarquistas, esto es, por enemigos del parlamentarismo y de cuanto con él se relaciona. Si del Parlamento, de los diputados y de la política no puede conseguirse beneficio alguno, ¿cómo van ahora a suplicar humildemente a los políticos burgueses para que los defiendan en un sitio donde, según ellos, todo es corrupción y podredumbre, y del cual nada bueno puede sacar la clase trabajadora?
Para hacer resaltar más la inconsecuencia que hoy comenten, recordaré un hecho.
Hace más de dos años, un concejal de este Ayuntamiento reclamó la jornada de ocho horas para los obreros y demás empleados del Municipio, y como éste dejaba dormir la mencionada reclamación, los socialistas coruñeses se dirigieron a las Sociedades obreras para que nombrasen a uno o dos delegados con objeto de pedir al Ayuntamiento que resolviera tan importante asunto. Esta solicitud de la Agrupación Socialista fue combatida por los anarquistas, que fundaron su oposición en que las Sociedades obreras no eran políticas.
Compárese lo que hicieron entonces con lo que hacen ahora, y se verá cuan a cachetes andan con la lógica.
Mis cartas les ha producido tal rabia, que, de seguir así, temo que algunos vayan a parar al Sanatorio del doctor Ferrant.
Viendo que no les da resultado la patraña de que mis primeras cartas fueron la causa de la prisión de los presidentes, dicen ahora que ellos mismos me vieron un día entrar en el Gobierno civil a hacer la denuncia. Y, efectivamente, desde el día en que ocurrieron los sucesos he ido a dicho Gobierno, no una, sino varias veces, por haberme encargado la presentación de los Reglamentos de Ebanistas de Santiago y de los Obreros de la villa del Son, así como la del acta de constitución de la Sociedad de peones del primero de los citados puntos. Esto lo saben perfectamente los trabajadores de los referidos oficios.
No doy esta explicación para sincerarme, sino para hacer resaltar la mala fe con que proceden los anarquistas.
Por cierto que los dos Reglamentos que he presentado están aún sin aprobar, no obstante hacer transcurrido el plazo legal.
Escrito lo que antecede, leo en un periódico ácrata el siguiente suelto:
Ya hacíamos pública el otro día la denuncia policiaca del corresponsal que El Socialista tiene en La Coruña, y a nuestras palabras han respondido los obreros de aquella localidad diciendo que las autoridades no pensaron en detener a los presidentes de las Sociedades obreras, ni creyeron que la huelga general hubiese sido acordada por aquellas hasta que dicho corresponsal escribió al órgano central del Partido Obrero, hablando de la preponderancia que los anarquistas tienen en las Secciones de La Coruña, de los acuerdos favorables a la huelga general que se habían tomado en otras cuestiones y de la propaganda que en favor de esta huelga hacían los elementos anarquistas coruñeses, casi todos miembros de las Juntas de las Sociedades obreras. Recordamos la correspondencia a que se refieren los compañeros gallegos, y leída de nuevo, creemos, como ellos, que aquel escrito movió a la autoridad de La Coruña a detener a los presidentes de estas Sociedades para disolverlas después y procesar a sus presidentes.
He copiado íntegro este largo párrafo para que cuantos hayan leído mis cartas vean que contiene tantas falsedades como palabras, puesto que nada de lo que en él se me atribuye he dicho contra las Sociedades. Y para probar mejor la falsedad de lo copiado, diré que el escrito mío que tanto ha mortificado a los anarquistas apareción en El Socialista del 21 de junio, y el capitan general suspendió las sociedades obreras el día 15, esto es, seis días antes de ver la luz pública mi carta.
Acostumbrados los anarquistas a faltar a la verdad, creen que los demás hacen lo mismo.
Lo que ha motivado el procesamiento de los presidentes, entre los cuales hay correligionarios nuestros, fue el haber hecho aparecer a las Sociedades obraras tomando parte en un paro general que sólo los anarquistas prepararon, y el haber tomado el nombre de las mismas para telegrafiar al ministro de la Gobernación y a la Prensa de Madrid la noche que prepararon el célebre paro, puesto que el día 2 de junio recogieron los jueces militares los libros de actas.- El Corresponsal, 12 de julio de 1901
Aínda que a nota da imaxe anterior segue a aparecer nas páxinas do Semario, nos números 803, de 26 de xullo, e 804, de 2 de agosto, xa non se publican as crónicas do corresponsal na Coruña, ata que reaparece no número 805, de 9 de agosto de 1901.
Neste último número, o 804 de 2 de agosto, sí se fai referencia aos mítines de solidariedade que se estendían por todo o estado e mesmo fora das súas fronteiras. Como no resto que temos visto, a referencia é para acentuar a crítica aos libertarios, cunha columna de opinión asinada por Pedro Valle Boscorcoa.
El Socialista”, nº800, 5 de xullo de 1901, no Arquivo da Fundación Pablo Iglesias
El Socialista”, nº801, 12 de xullo de 1901, no Arquivo da Fundación Pablo Iglesias
El Socialista”, nº802, 19 de xullo de 1901, no Arquivo da Fundación Pablo Iglesias
El Socialista”, nº803, 26 de xullo de 1901, no Arquivo da Fundación Pablo Iglesias
El Socialista”, nº804, 2 de agosto de 1901, no Arquivo da Fundación Pablo Iglesias









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